Shooterfly

sábado 7 de noviembre de 2009 muy cerca de las 08:18 AM



Hoy
las ocho
la curva de la hora
la tormarea translúcida
en el polvo
un bulto
una protuberancia
tirada como suela
entre las sombras

el pasto
tiene algo de basura
pero tambien de enjambre
rico en mieles
y brota multitud
brotan abejeando como vuelo

llegan dos sirenas
biocíclopes del cielo
y bailan círculos tomadas
de las luces
la gente desaparece
fulminada en rojo
a veces en azul

arriba
en el suelo
protuberancia de civil
capulla
insertada en el blanco
de una manta
será una mariposa
con un lunar de pólvora
en la frente

sus alas
serán de color gis
e imitarán las pieles del concreto
y sube
y vuela
y las sirenas rojiazules
y las abejas multitudes
y las ultimas brisas
y la hora de esta noche que tose
y tú
arriba de los cielos
el lunaral
sobre las manos
los ojos
sobre la mirilla
la manzana
de adán sobre el gatillo
el dios de los lunares
perforados a cuarenta
y cinco calibres

Para volar al cuarto intento.

domingo 25 de octubre de 2009 muy cerca de las 03:08 PM



Primero:
Elige un color para tus alas
dentro de los segmentos luminosos
que el fuego retiene.

Segundo:
Toma un poco de aire mientras
te inclinas inversamente proporcional
a donde sea que tu aliento esté escapando.

Tercero:
Acelera tiempo a través
sobre una longitud libre de fantasmas
enterrados al suelo como diagonales.

Cuarto y último:
Mientras tu mente planee más allá
de los límites entre la razón y la muerte
echa un vistazo hacia abajo

-que estaré corriendo
detrás de los planetas,
despidiéndote-
a José.

Jardín Ignorante.

sábado 17 de octubre de 2009 muy cerca de las 06:50 AM



Decían adorar la sencillez del pasado,
los bosquejos de sal y las mañanas
enternecedoras de helicópteros.

Yo buscaba solamente un signo;
arremetía contra los profundos matorrales
mientras los jardineros yacían

al borde de la muerte.

Solo, siguiendo con el rabillo
esa lucesita que señalaba
la extremadura violenta,

me creía un maremoto de almacén;
tiraba muchas hormigas al agujero negro
de los pórticos invertidos sobre las tinieblas.

Yo buscaba solamente un signo
del que había olvidado el nombre
volando alrededor de los remedios.

- Un helicóptero
tomó su baño de sal
y se echó a reír con una hoja -.

Ningún jardinero se moría ya
(la clave de la eternidad era
no creerse el cuento de la muerte)

y la lucesita creció por la enredadera y los yuyos,
transformándose en la esbeltísima palabra
que entumeció mi sien y mis tristes ramos de ocasión

a punta de mata,
a punto de matar todo lo que acomedido y recordado
alergia los motivos de mi jardín ignorante.

Lhasa De Sela - Rising

domingo 4 de octubre de 2009 muy cerca de las 06:10 AM


Me atrapó una tormenta.
Me arrastró,
dando vueltas y vueltas.

Me atrapó una tormenta,
fue lo que pasó.
Por eso no llamé,
ni me viste en un rato.

Me ví alzada
o contra el suelo,
y rodando y rodando.

Me atrapó una tormenta.
Objetos volaban;
se golpeaban las puertas,
se rompían las ventanas.

Y no pude escuchar lo que decías...

Es Lucy en el cielo con diamantes.

lunes 28 de septiembre de 2009 muy cerca de las 05:01 PM


Tenía sólo tres años cuando Julian Lennon la dibujaba, recordándola seguramente desde la inocente perspectiva de un par de pupitres. Debe de haber mañanas generosas de sol en Liverpool. Sólo necesito una, para imaginar entonces el cabello de una niña de tres años resplandeciendo al roce solar como si existieran diminutos y juguetones diamantes resbalando sobre su campo rubio. El resplandor del sol y Lucy hacen diamantes; ¿qué sentimiento más sublime puede anidar un corazón de tres años? Ha pasado tanto que ni siquiera me atrevo a suponérmelo, con un poco de vergüenza y nostalgia. Para mí los Beatles, además de los intertextos y trascendencia, me saben a una remota infancia, pero sobre todo, me saben a mi padre. Cada canción tiene una luz remanente a él; a nosotros jugando o durmiendo todo el día, con nuestros treinta y tantos años de diferencia a cuestas. Tal vez si hubiera tenido noción alguna del inglés en ese entonces también me agradaría la idea de encontrarme a Lucy con sus diamantes, las dos prendidas al cielo; y abadonar mi cabeza en una nube para escapar en un taxi del que no tengo idea de cómo funciona, porque está hecho papel.

Lucy Vaddon, a los 46 años, tuvo un resplandor tan fuerte que sus diamantes la llevaron al cielo, de eso no hay duda. Sin embargo, no gastaré ni una línea evocando un concepto de célica judeo-cristiana, ni tampoco en jugar a la semántica con las iniciales de un nombre para ser alusión a droga alguna (está sobreentendido que el cuarteto de Liverpool se metía eso y más). Hay un lugar en las alturas, donde el cielo parece de mermelada, en el que una mujer de ojos caleidoscópicos y flores de celofán en la cabeza te invita a subir a un taxi de papel periódico.

Secuencias de una película muda.

jueves 24 de septiembre de 2009 muy cerca de las 03:55 PM


Al superlativo que perdí.

Oh, is this the dream I’ve been saving?
Great Lake Swimmers
Despiértame cuando muera la dulzura, te dije,
o cuando el hielo se derrita y me vuelva el hambre.

Seremos los mismos, pero más viejos.
Seremos el doble de amor que antes fuimos.

¿Y dónde has estado;
acaso en el suelo, inluyendo versos
del viejo poema que te regalé?

Yo estoy bajo tierra, salvándote,
gastando secuencias
de nuestra película en silencio.

Es de mi pesadilla de quien te salvo
mientras tu corazón, badum, se me detiene.

Ya no queda nada, casi nada.
Mi mano detuvo tu corazón en llanto.

Fue por labor más triste del amor.
¿No es acaso
lo más hermoso que pude darte?


No restan faroles, subitamente.
Se nos fue todo, subitamente,
parpadeándonos.

Traté de mirarte las luces
pero no pude.

La bestia que soy era inminente
para ambos fantasmas.


Sigue los puntos en línea,
sigue los puntos en línea,
encuéntrame.

Dos cuentos antropológicos.

domingo 20 de septiembre de 2009 muy cerca de las 11:07 PM

Nainuema (El Que No Existe)

Antes que el árbol más viejo asentara sus raíces en la tierra, o el sonido del gran río revolviera en sus aguas minúsculas partículas de desierto, era El Que No Existe y su voz lo que inundaba la indecible extensión de la nada.

El Que No Existe dormía bajo la oscuridad, y soñaba consecutivamente la profundidad de los colores blanco, gris, y negro. Soñaba doscientas veinte veces por infinito.

Un largo estrecho de eternidad después soñó los tres colores al mismo tiempo, y éstos se mezclaron y fundiéronse entre sí para dar forma a los primeros animales de la existencia: el cóndor, el puma y la boa.


El Cóndor

Cuando el cóndor perteneció al mundo, El Que No Existe admiró un blanquecino espectro que yacía entre la oscuridad de la nada, y su peculiar graznido le incidía a habilitarle de sus facultades.

- Criatura de ensueño, ¿qué te ocurre? – preguntó El Que No Existe al cóndor.

- Estoy triste – respondió el cóndor mientras su blancura se desteñía en matices grisáceos.

- ¿Y qué es estar triste?

- La tristeza es extraviar mi corazón, que se ha perdido en las alturas.

Escuchando el melancólico graznido del cóndor, El Que No Existe tomó al animal por sus extremidades, y destiló el color de la nada bajo la pureza blanca de su cuerpo. El cóndor reconoció sus alas entre la oscuridad del mundo.

- Dos negras alas acompañarán tu vuelo en las alturas – dijo El Que No Existe. – Busca tu corazón y comparte la sabiduría con tus iguales.

El cóndor lanzó un graznido de satisfacción, y en su primer vuelo la oscuridad se vio envuelta por un tenue azul retenido en su corazón. Le llamaron Cielo.


(De Rafuema. Antología Yasuní)

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